“Los hijos, con sus aciertos y errores, son los purificadores y limpiadores de la toxicidad interna de los padres, motivo de satisfacción y de dolor, de encuentro y de separaciones obligadas, las que siempre sirven para abrir el ser”. Ananda Enea
La familia es el caldo de cultivo del desarrollo humano y del contagio de casi todos los conflictos que nos hacen infelices. Los padres tenemos la posibilidad de pulir nuestras carencias a través de un mejor contacto con nuestros hijos, de no obligarles a que hereden la toxicidad que acumulamos durante nuestra vida en tantos aspectos sin resolver, que vienen del impulso evolutivo de nuestra generación, pero traen exigencias y dependencias que nos pasan factura una y otra vez y que podemos resolver con rapidez, cuando estamos atentos y pasar y hacer heredar a nuestros hijos estas buenas actitudes ya que en el interior de la familia es donde se fijan:
De la rabia al arrepentimiento sincero,
De la prepotencia a la humildad,
De querer mantener los derechos adquiridos por la edad a reconocer nuestros errores,
Del enfado a la eliminación del inconveniente,
Del desamor momentáneo pero intenso al amor y la compasión.
De la debilidad y permisividad por cansancio a la firmeza y al razonamiento inteligente.
Estos términos no se refieren a nuestros hijos, sino al proceso que pasamos cada uno de nosotros con nosotros mismos, ya que este es el filtro de toda la toxicidad que ellos nos obligan entre comillas a echar fuera, con razón o sin ella porque somos padres, lo que nos obliga a reflexionar, porque los amamos, y sobretodo queremos llevarnos bien con ellos para que haya armonía familiar y buena y sana convivencia.
Las disputas nacen del conflicto personal de cada uno de nosotros, de aquello que no hemos limpiado en nuestro ser interno, aquello que duele, molesta, incomoda porque todos los seres humano padecemos de inseguridad, miedo, rechazo, soberbia, necesidad de afecto, diferencias educativas y sociales, inadaptación, falta de atención, el no quedarnos solos, etc. que debemos purificar para alcanzar la paz interior que tanto necesitamos y nos merecemos y que tanto necesitan nuestros hijos.
Es este todo el espectro de interferencias que nacen del conflicto no resuelto dentro del seno de las familias. Debemos ser capaces de mirarnos a nosotros mismos con sinceridad y amor, mirar lo que realmente nos preocupa en el interior, y llegar a comprender a nuestros hijos midiéndolos con el mismo rasero, es muy fuerte y desagradable que un padre o una madre acuse a un hijo/a, de algo en contra de ellos como padres o tutores, solo que los padres, y sobretodo las madres siempre acaba por perdonar y dejar a un lado las acusaciones, porque existe una sensibilidad especial en casi todas las mujeres con hijos conflictivos, solo que en algunos casos resulta contraproducente y es necesario una actitud firme y clara para no dejarse intimidar y seguir con buena conciencia.
Ellos, los hijos; como todos los seres humanos, tienen su propio proceso de superación en el que deben ordenar, sopesar y reconocer, solo que debido a las dependencias que se crean en las familias, son capaces de reconocimiento fuera del ámbito familiar y sin embargo no se acepta ni se reconoce dentro de la familia, porque muchos hijos han tenido una imagen distorsionada de la realidad de sus padres.
Primero rechazamos lo que dice el otro/a, luego nos identificamos con lo que tapa nuestra ignorancia y nuestro dolor, y casi al final del conflicto nos insensibilizamos, nos separamos y nos cerramos. Todo un complejo sistema de autodefensas, en las que estamos profundamente equivocados al actuar así.
Nuestro dolor y nuestra neurosis nos muestran con claridad los lugares en los que nos hemos cerrado y. en consecuencia, los puntos en los que debemos seguir trabajando, desarrollándonos para limpiar estas áreas. En sentido espiritual, el término nuestra alma apunta hacia el interior, hacia una experiencia profunda de significado, objetivo y vitalidad individual.
Si alguien me preguntara como callarse más, como no saltar cuando te dicen algo que te molesta, y sobretodo cuando esto ocurre entre familia y no suele ocurrir con la gente de afuera que en general hay menos intimidad y por lo tanto mas respeto humano.
Yo le contestaría y me contestaría de paso a mi misma que en el momento en que te están diciendo algo que te molesta, que tu yo reacciona personalizando el ataque como algo personal, es el momento de que te preguntes de donde nace en ti este malestar por lo que acabas de oír… y si sale carencia de algo que casi siempre las hay, desdramatiza el hecho inmediatamente porque solo lo que es siempre, lo que se puede comparar con la eternidad se puede conservar, se puede mantener, y todo, absolutamente todo lo demás es relativo al momento, al estado de la mente o del ánimo temporal.
Es como si tuvieras un dolor de espalda, que se te junta con algún otro desvarío dentro del mundo emocional, que al final es lo mismo, y si lo deseas se puede eliminar muy pronto, de la misma manera, donde ya no hay enfado, ya no hay reactividad, se ve todo el proceso desde afuera, y es cuando podemos ser realmente efectivos con nuestros hijos porque ya no estamos ofuscados por la emotividad.
Verlo es el camino a la paz, a no hacer sufrir, a no sufrir, a guiar con acierto los pasos, tanto los nuestros como los de nuestros hijos, y no tomemos el papel de ser dioses soberbios que lo saben todo, que tienen razón por jerarquía; ni tampoco lleguemos a ser tan buenos, permisivos, débiles; que soportemos en silencio la mala educación, el desamor y la falta de honradez, porque pagamos sus cuentas, y bien caras que salen, tanto para el corazón como para el bolsillo.
Abramos el corazón a las verdades que en él habitan y liberemos nuestra buena voluntad al mismo tiempo que sanamos nuestros conflictos no resueltos.
Seamos capaces de sinceridad, sin temor a enfrentarnos con la parte más sombría de los demás, ya que la verdad, el respeto y el alejamiento inteligente siempre funcionan.
A veces no llegamos a una discusión o a un enfrentamiento con un hijo o con la hija que tenemos mas cerca, pero esto sí ocurre en nuestro pensamiento, primero en segundos, instilándonos unas gotas de veneno que debilitan nuestro sistema de valoraciones, de prioridades auténticas; reinfectando nuestro ser con un virus que nos costará mucho trabajo hacer desaparecer, ya que cada vez que ocurra alguna situación de conflicto parecida, nuestra mente separativa va a seleccionar lo que tiene relación con ello saltando a nuestra consciencia haciéndonos daño y esto puede ocurrir en el momento en que menos imaginamos.
Es por lo tanto muy importante y necesario adelantarse, darse prisa en hacer la limpieza espiritual en el momento en el que aparece la toxicidad, siendo valientes sin temor a discriminarnos y a discriminar a nuestros hijos, sin pasar facturas tanto a nosotros mismos como a nuestros hijos.
Este es un trabajo para hacerlo durante toda la vida, no hay tiempo que perder para empezar desde ahora, empezad ya vosotros, padres; que sin duda de manera silenciosa y pura llegará a vuestros hijos y todas las criaturas de la tierra.
Este es el trabajo a hacer entre la pareja, con nuestros hijos, es el entrenamiento que mas resultados ofrece de inmediato y por supuesto a largo plazo, es el más delicado y mas difícil, el que se hace muy dentro, en el interior de cada uno de los miembros de la familia.
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