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Cumplido el deseo, desaparecida cualquier señal de vida, la enfermera descuelga el teléfono y marca el 117, el número de la Policía de Zúrich. Comunica que en el apartamento acaba de fallecer una persona en un suicidio asistido y enseguida se presentan los agentes, acompañados por un médico y un juez. Tienen que comprobar que la muerte ha sido, efectivamente, un acto voluntario.

Por si queda alguna duda, el suicida ha dejado constancia escrita de su última voluntad. Todos deben rellenar el impreso que hoy sostiene Erika entre las manos, un folio amarillo, en el que se lee en francés: «Declaración de suicidio. Yo.... decido efectuar hoy día... mi suicidio. Y declaro no hacer a Dignitas responsable si, con la ayuda de la persona de esta asociación y de la sustancia administrada, el suicidio no tiene éxito».

Pese a todas estas precauciones legales, la actividad de Dignitas no está exenta de polémica. Hay quien no ve con buenos ojos la enorme afluencia de suicidas extranjeros (de los 50 muertos el año pasado, 39 eran de fuera) y ya se habla de Zúrich como capital del «turismo de la muerte». Una jueza del cantón de Appenzell incluso ha intentado cerrar la frontera con Alemania para los suicidas. Trata de evitar que logren llegar al piso de Zúrich.

Las asociaciones pro vida comparan el quehacer de Dignitas con el programa nazi para exterminar a los enfermos mentales y discapacitados.Y las autoridades judiciales de Zúrich, a instancias del fiscal Andreas Brunner, han estado investigando el suicidio de varias personas que sufrían enfermedades mentales. «Algunos casos», ha declarado Brunner, «carecen de un historial médico lo suficientemente detallado y debemos preguntarnos si han sido capaces de tomar una decisión racional sobre su muerte. En ocasiones es imposible tener la certeza».

A todos Minelli les responde que, antes de facilitarles el suicidio, los enfermos mentales son estudiados con lupa. Se les examina con un mes de antelación, se verifica que la capacidad de discernimiento del solicitante está intacta y que no ha sido influenciado por terceras personas interesadas en su muerte. Si hay la más mínima duda, aseguran, se les dice que no.

Desde hace más de un mes, Andreas Brunner («estamos muy preocupados por el turismo suicida», ha dicho el fiscal), tiene requisado el cadáver de uno de los fallecidos en el apartamento porque un miembro del equipo de Dignitas, presente en el suicidio, se niega a presentarse en la fiscalía para explicar cómo se produjo, exactamente, la muerte. «Le hemos enviado un documento donde se detalla todo y pensamos que con eso es suficiente», explica Minelli. «Me niego a tener que realizar una declaración y ellos se niegan a enterrar el cadáver».

MEJOR POR LA TARDE
Aunque abierto las 24 horas, los responsables de Dignitas suelen citar a los suicidas a primera hora de la tarde: «Se puede elegir el día y la hora, incluso los domingos. Pero preferimos que sea hacia las dos o tres de la tarde porque a la policía no le gusta desplazarse durante la noche», explica Erika Luley.

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